En el lenguaje coloquial se suele usar los términos dormir y descansar como sinónimos, pero en el lenguaje clínico no significa lo mismo.
Conocer la diferencia resulta útil para distinguir entre tener un sueño de cantidad y un sueño de calidad.
Si tras dormir siete u ocho horas te despiertas irritable o con problemas de ánimo significa que has tenido un sueño de cantidad, pero de mala calidad.
A nivel mundial, los trastornos del sueño afectan entre 35% y el 45% de la población adulta. En el Perú, se registra un porcentaje similar un poco más del 40% de la población padece de algún trastorno del sueño, según los datos más recientes del Ministerio de Salud.
En el caso de Lima representa un problema de salud serio. Según el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, más del 35% de la población entre 19 a 64 años y el 43% de mayores de 65 años (adultos mayores) tienen problemas de trastorno del sueño.
El sueño ayuda al cuerpo a reponer energía, facilita el aprendizaje, la memoria y lo mantiene saludable, pero cuando el descanso se interrumpe, impide que llegue a las fases profundas y reparadoras.
Mientras duermes tu cerebro pasa por las fases no Rem (sin movimientos oculares rápidos) y Rem (movimientos oculares rápidos). El sueño no Rem tiene tres etapas que van desde el sueño ligero hasta el profundo, y en el Rem ocurren la mayoría de los sueños.
Si no llegamos al sueño profundo, a pesar de dormir las horas recomendadas, es que estamos teniendo un sueño de mala calidad y sus consecuencias se reflejan al día siguiente: Fatiga durante el día, dificultades para concentrarse o recordar cosas, ansiedad e irritabilidad, y un mayor riesgo de padecer enfermedades del corazón y riñón.
Las causas que lo provocan son múltiples, incluso, a veces, no se llega a conocer el motivo exacto, sin embargo si existen algunos factores que pueden aumentar el riesgo de sufrir sueños de mala calidad.
Uno de estos factores está relacionado con el estrés.
El estrés y los sueños de mala calidad se retroalimentan entre sí, mientras el estrés mantiene al cerebro en hiperactivación impide que descanses provocando un sueño de mala calidad, que a su vez empeora la regulación emocional.
En otras palabras, el sueño y la salud mental están muy vinculados. Si no tienes un sueño de buena calidad, no tendrás un buen descanso porque tu cerebro no tendrá para recuperarse y reiniciarse.
Sin el descanso requerido resulta más difícil procesar las emociones y mantener una actitud positiva.
El estrés, relacionado con los sueños de mala calidad, también repercute en la salud física, porque cambia el metabolismo del cuerpo generando un aumento de peso. El exceso de peso aumenta la probabilidad de trastornos respiratorios relacionados con el sueño, como la apnea obstructiva del sueño, que, a su vez, provoca aletargamiento diurno y un mayor riesgo cardiovascular.
Los trastornos del sueño, principalmente los que están vinculados con el estrés, es un serio problema al cual las autoridades de salud no se le está dando la debida atención, pero está afectando a millones de peruanos de diferentes edades.



